Mengele, Mareš y el uruguayo homosexual agresivo que fue embajador en Praga

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Mengele, Mareš y el uruguayo homosexual agresivo que fue embajador en Praga

En la dirección https://www.geni.com/people/Dr-Emb-Óscar-Infantozzi-Soba/6000000121585672065 encontramos los datos biográficos básicos de la persona cuyo nombre era Óscar María Infantozzi Soba. Allí se nos informa, en lo esencial, cuándo nació y cuándo murió (así como también dónde).

Le ayudó a Mengele

El portal uruguayo LaRed 21 describe al abogado Infantozzi Soba en relación con un episodio que, visto desde hoy, resulta cuanto menos insólito, ocurrido en 1958. Según un artículo del 3 de octubre de 2000, Infantozzi, en su calidad de procurador, habría emitido la autorización necesaria para el matrimonio civil de Martha Maria Weil con… Josef Mengele.

Al parecer, no todo estaba jurídicamente en regla, pero lo esencial es que el acto legal se llevó a cabo, y que Mengele fue parte de él. El portal LaRed 21 evitó pronunciarse sobre si se trató simplemente de un favor amistoso, de una benevolencia jurídica, o de una colaboración activa en el encubrimiento del paradero del médico nazi. Se limitó, sobre la base de testimonios, a describir el hecho ocurrido en la ciudad de Nueva Helvecia en 1958.

Esta tesis se ve confirmada en un artículo del portal helvecia.com.uy del 1.º de abril de 2021, donde leemos:

“Mengele se inscribe en el Registro Civil de Nueva Helvecia el 17 de Julio de 1958, casándose el 25 de ese mes con la viuda de su hermano, Martha María Will, para que así su fortuna quedara en la familia.”.

Resulta llamativo que el anuncio del casamiento, publicado en el periódico HELVECIA de la época, apareciera en las ediciones del viernes 26 de julio —es decir, un día después de la boda—, así como el 30 de julio y el 2 de agosto, cuando por ley los edictos deberían haberse publicado antes de la fecha del matrimonio, y no después.

Mengele ansiaba casarse y recurrió a sus contactos en Nueva Helvecia para facilitar el trámite, confirmando así la connivencia y el apoyo de un pequeño círculo selecto al criminal de guerra. Esto le permitió contraer matrimonio sin necesidad de presentar ante el juez el impreso correspondiente del periódico local.

 

¿Dónde vivió?

Según la investigación de Héctor Amuedo, Mengele habría permanecido ocho días en una casa ubicada en el barrio El Prado —actualmente propiedad de Gerardo Wullich—, inmueble que este último compró por recomendación de un ciudadano checo llamado José Marês (probablemente Mareš), destacado afinador de pianos y virtuoso del instrumento, quien había emigrado a Uruguay con su familia sin un solo centavo.

“Después de la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de los comunistas al poder en Checoslovaquia, le confiscaron su comercio de instrumentos musicales”, explica Amuedo en su investigación.

“Como debía trabajar para subsistir, Marês —quien más tarde se convertiría en director del coro Concordia en Nueva Helvecia— y su esposa aceptaron empleo como personal de servicio en esta propiedad, que en la década de 1950 pertenecía al señor Rotzinger, un contratista de obras suizo”, añade.

Marês, hoy fallecido, “le dijo a Wullich que durante aquellos días de julio de 1958 Joseph Mengele se alojó por un tiempo en la casa como huésped de Rotzinger”, y que “por las tardes servía té a Mengele y a Rotzinger, junto con sus esposas, en una mesa de piedra que aún se conserva, bajo un laurel en el jardín delantero de la casa”.
(Publicado en El Observador.)

Por su parte, NHMagazine habló con Wullich, quien negó enfáticamente lo publicado por Amuedo en relación con la supuesta estadía de ocho días de Mengele: admitió que Mengele estuvo en la casa, en el jardín, y que bebió té con Rotzinger —entonces propietario del inmueble—, pero no durante tantos días.

Hasta ahí llega la información ofrecida por el portal de la ciudad de Nueva Helvecia.

Como se ve, la historia de Infantozzi tenía ya ciertos vínculos con Chequia. Sin embargo, la conexión real y directa con nuestro país en la vida de este abogado —y más tarde diplomático al servicio de la República Oriental del Uruguay— se produjo recién en el período en que aquí imperaba la oscura “normalización”, es decir, en el año 1972.

Fue entonces cuando, en calidad de diplomático y embajador, llegó a Praga por designación de su gobierno. En abril de 1972 abandonó Checoslovaquia su predecesor, Leslie Close Pozzo, y exactamente el 14 de junio de 1972 Infantozzi arribó a Praga.

Menciono estas fechas con tanta precisión para dejar en claro que el relevo no se produjo de un día para el otro. Los procedimientos burocráticos, así como circunstancias políticas o personales, solían prolongar considerablemente este tipo de transiciones.

 

En el libro de Michal Zourek, Relaciones entre Checoslovaquia y Uruguay a lo largo del siglo XX (editorial Politické vedy, Banská Bystrica, Universidad Matej Bel, Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, 2016), se señala que este diplomático fue retirado de Praga, donde ejercía como embajador de la República Oriental del Uruguay ante la República Socialista Checoslovaca, y que su regreso a Montevideo habría sido consecuencia de la política anticomunista del nuevo gobierno.

Esta información fue retomada casi literalmente —con ligeras modificaciones— por el mismo autor en otra publicación posterior, en la página 44 del libro Cien años de relaciones checo-uruguayas (editorial Pavel Mervart, 2021).

No se trata aquí de reprochar al autor que recicle sus propios textos sin citarlos como autocita: está en pleno derecho de disponer de su producción como le parezca. El problema es otro. La afirmación resulta engañosa.

El golpe de Estado en Uruguay tuvo lugar el 27 de junio de 1973, mientras que Infantozzi Soba abandonó Checoslovaquia un mes antes, concretamente el 26 de mayo de 1973.

Cabe añadir que, según informaciones de la rezidentura de la StB en Montevideo, el Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo evaluaba hacia fines de 1973 el cierre del consulado general en Berlín Occidental. Todo indica que tampoco en este caso se trataba de motivos ideológicos, sino más bien de una medida de ahorro, aun cuando se trataba de una representación donde trabajaban apenas dos diplomáticos.

Los expedientes de la contrainteligencia checoslovaca hablan

La fecha exacta de la partida del diplomático uruguayo aparece consignada en una fuente muy específica: el Archivo de los Servicios de Seguridad (Archiv Bezpečnostních složek, ABS), donde se conservan, entre otros, los expedientes de la antigua policía secreta checoslovaca, la StB. En este caso, además, contamos con dos fuentes complementarias.

La primera es un expediente de la I Dirección del SNB (inteligencia exterior), el llamado expediente de objeto con número de registro 11499, centrado en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay. Está descrito como Información sobre diplomáticos, relaciones internacionales desde la perspectiva de Uruguay, e incluye varios registros relativos a Infantozzi.

Existe, además, un segundo expediente dedicado exclusivamente a la persona del representante uruguayo en Praga: el expediente con signatura KR-631486, llevado por la II Dirección del SNB, es decir, la contrainteligencia. Ambas direcciones formaban parte de la StB, y los documentos circulaban entre ellas cuando era necesario.

No tiene sentido detallar minuciosamente el contenido completo de ambos expedientes; basta centrarse en lo esencial. Se trata de documentación exclusiva —en el sentido de que hasta la caída del régimen comunista fue estrictamente secreta y de acceso muy limitado— elaborada por los servicios de inteligencia. De ello se desprende un supuesto lógico: si la información debía ser operativa y utilizable, tenía que ser veraz.

La contrainteligencia procedía casi automáticamente a vigilar a toda persona procedente del Occidente democrático que permaneciera durante un tiempo prolongado en Checoslovaquia. El objetivo básico era determinar si el individuo realizaba actividades de espionaje. Por ello, prácticamente desde la llegada de un diplomático, comerciante o científico del mundo libre, la contrainteligencia desplegaba sus medios: vigilancia, agentes, informantes y otras fuentes.

Así ocurrió también en el caso de Infantozzi Soba, a quien la contrainteligencia asignó el nombre en clave “Jasov”. El significado de este seudónimo, en relación con el diplomático uruguayo, se me escapa.

El expediente contaba originalmente con 142 páginas, pero una parte fue destruida; en su estado actual consta de 88 páginas. La decisión de abrir un expediente de vigilancia sobre el titular de la representación diplomática uruguaya en Checoslovaquia confirma que el motivo fue una “sospecha de actividad de espionaje”.

Incluso antes de la llegada del diplomático a Praga, la II Dirección recibió de la inteligencia exterior un informe sobre su persona. La rezidentura en Montevideo había reunido información básica y relativamente detallada. Ya en marzo de 1972, la contrainteligencia sabía que Uruguay estaría representado por una persona susceptible de chantaje, aunque relativamente importante.

A modo de detalle: la rezidentura elaboró este informe el 1.º de marzo, y el jefe del Departamento 12 de la II Dirección lo recibió el 9 de marzo de 1972. Lo menciono para ilustrar que incluso en los servicios de inteligencia de la segunda mitad del siglo XX la circulación de la información no era precisamente inmediata, salvo en los casos marcados con la palabra “RELÁMPAGO” (BLESK).

Veamos ahora qué fue lo que los servicios de inteligencia checoslovacos en Montevideo averiguaron:

Infantozzi Soba

  • Tiene detrás una larga carrera jurídica, pero su nivel profesional es muy bajo; debido a una incapacidad laboral se vio obligado a abandonar su empleo
    (esto arroja algo de luz sobre el caso de Nueva Helvecia).
  • Desde el punto de vista político, pertenece al grupo de Pacheco
    (se trata de Jorge Pacheco Areco, presidente del Uruguay entre 1967 y 1972).
  • Está emparentado con la familia del entonces presidente Bordaberry, ya que se casó con su hermana en la época en que Bordaberry era senador por el Partido Blanco.

Y ahora lo más sustancial. Cito textualmente:

“Debido a su desviación sexual y a los escándalos morales derivados de ella, el matrimonio terminó en separación, y por ello no mantiene buenas relaciones personales con la familia Bordaberry.”

  • Se trataría de un homosexual perverso que acosa de manera escandalosa a jóvenes (…) actúa con frecuencia sin ningún autocontrol y provoca escándalos públicos que en el pasado debieron ser encubiertos.
  • Como diplomático, se habría dedicado sistemáticamente a negocios turbios a gran escala (…).

Estas informaciones, ciertamente contundentes, fueron recopiladas por el agente de inteligencia en Montevideo a partir de varias fuentes, entre ellas el agente más eficaz de la StB en América Latina, el político de izquierda Vivian Trías, con el nombre en clave “Ríos”.

Infantozzi debía llegar a Praga procedente de El Salvador, donde ejercía como embajador.

Añadamos aún otra información que recibió la II Dirección, encargada del caso Infantozzi, de su organización hermana en Montevideo. En octubre de 1972, la inteligencia informó que las autoridades uruguayas habían tomado conocimiento de una caricatura publicada en una revista de Alemania Occidental no identificada, en la que se representaba a Infantozzi, embajador de Uruguay en Praga, como homosexual.

Lamentablemente, no he logrado localizar esta caricatura en Internet. Sin embargo, el hecho de que el Ministerio del Interior uruguayo haya informado sobre ella al Ministerio de Relaciones Exteriores sugiere que no se trataba de una invención.

La fuente principal de información dentro de la embajada uruguaya en Praga era el agente “Sláva”, registrado como colaborador secreto de la contrainteligencia desde 1969. Resulta llamativo que la fecha de archivo de su expediente en el Protocolo Archivístico de los expedientes de agentes y colaboradores figure como 28 de marzo de 1991.

En cualquier caso, lo único seguro es que su expediente de la StB no está actualmente disponible. Sí sabemos, no obstante, que se trataba de un empleado checoslovaco de larga trayectoria en la representación diplomática uruguaya, que informaba de manera fiable y constante a la StB sobre lo que ocurría en la embajada.

 

Fue precisamente a través de “Sláva” que la StB tuvo conocimiento de los episodios homosexuales del entonces joven uruguayo de 46 años, los cuales no describiré aquí en detalle, aunque la StB los confirmó incluso mediante interrogatorios oficiales a sus parejas sexuales checoslovacas, cuyos testimonios forman parte del expediente.

No tiene sentido entrar en detalles del tipo “empezó a tocarme las piernas y los genitales… me agarró los genitales y los apretó”. Lo importante es que la StB documentó estos contactos (se registraron dos, aunque probablemente hubo más, según se desprende de los testimonios).

A pesar de que la II Dirección estaba informada de que la homosexualidad de Infantozzi era conocida por las autoridades uruguayas, intentó igualmente captarlo mediante compromiso. El pretexto lo proporcionó el propio “Jasov”, al denunciar ante la policía popular (VB) que estaba siendo chantajeado por un ciudadano checoslovaco, solicitando protección policial porque sospechaba que el chantajista estaba armado y lo había amenazado con una pistola.

La homosexualidad en sí ya no era delito en ese momento (siempre que no involucrara a menores ni estuviera vinculada al proxenetismo), pero el chantaje sí lo era, y la StB aprovechó la situación.

Conviene aclarar que uno de los socios sexuales checoslovacos había recibido de Infantozzi 500 dólares como compensación, pero luego, en un estado de alteración, le escribió exigiendo 1.500 dólares, bajo amenaza de denunciarlo. Esto asustó visiblemente a Infantozzi, quien acudió a la VB.

Este fue precisamente el motivo que la StB quiso utilizar para reclutar al diplomático. El mayor Bohuslav Málek mantuvo dos reuniones con el embajador uruguayo —en la primavera de 1973, poco antes de su partida—, aun cuando la StB ya sabía que había sido llamado de regreso a Montevideo.

Probablemente, la II Dirección intentó obtener un colaborador que luego pudiera ser transferido a la inteligencia exterior. El mayor de la StB (jefe de la 1.ª sección del Departamento 12 de la II Dirección) informó a “Jasov” de que la investigación por chantaje había concluido y que se había confirmado su actividad homosexual. Sin embargo, el problema principal era el chantaje, que debía resolverse judicialmente, lo cual no sería precisamente cómodo para un diplomático: todo saldría a la luz y se produciría un escándalo.

Hasta ese momento, según el relato de Málek, “Jasov” había reaccionado con bastante calma, pero cuando se mencionó que las autoridades checoslovacas sabían de su destitución inminente, se puso nervioso, tuvo prisa y trató de dar por terminada la reunión con un pretexto. Málek no insistió.

En el informe posterior escribió que “quizás solo podría aprovecharse el temor de JASOV a que las autoridades uruguayas se enteraran de su affaire homosexual en Praga (…)” y reflexionó sobre la posibilidad de provocar una escena escandalosa con ayuda de sus parejas sexuales, en un lugar acordado, para forzar un contacto y presentarle una oferta directa de colaboración.

Sin embargo, esta reflexión —salida del tipeo de un oficial de la StB— está fechada el 5 de abril, y en mayo (día 26) JASOV ya había abandonado definitivamente Praga. La StB simplemente no llegó a tiempo, o quizás, dadas las circunstancias, ni siquiera quiso llegar.

Ciertamente, el plan propuesto por el jefe de sección recurría a un método clásico y probado: una escena escandalosa en un lugar controlado habría permitido a la StB desplegar toda su técnica operativa y registrar el episodio.

Pero no ocurrió. A pesar de estar comprometido y ser vulnerable al chantaje, no se intentó nada más. Tal vez la StB concluyó acertadamente que, tras su salida del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo, sería de escasa utilidad para la inteligencia, aunque sus vínculos familiares y contactos ofrecieran alguna esperanza. Sinceramente, esas posibilidades eran mínimas.

Veámoslo así: ¿iba acaso un presidente derechista de un país —pronto bajo el gobierno de una junta militar golpista— a salir en defensa de un cuasi cuñado homosexual, con quien además estaba enemistado por la situación de su hermana, a la que aquel había engañado? El otro amigo influyente de Infantozzi, Pacheco (ex presidente), fue tras el golpe “reubicado” como embajador primero en España, luego en Estados Unidos y Suiza, permaneciendo fuera de Uruguay hasta 1982.

No sé qué ocurrió con Óscar María Infantozzi Soba después de 1973. Lo único seguro es que murió en 2010 en Madrid. También es seguro que, en ese período, ya no tuvo nada que ver con la StB, y probablemente tampoco con Checoslovaquia.

Última Hora confirma indirectamente los hallazgos de la contrainteligencia checoslovaca

A la izquierda se ve una captura del artículo publicado en el periódico uruguayo Ultima Hora (página 3) el 28 de marzo de 1973.

En él se informa que el presidente Juan María Bordaberry, de común acuerdo con el entonces ministro de Relaciones Exteriores, emitió un decreto mediante el cual separó del servicio del Estado a varios diplomáticos y funcionarios, entre ellos Infantozzi Soba. Lo sustancial es el motivo de esta purga, que el artículo explica de la siguiente manera:

“Extraoficialmente trascendió que los motivos determinantes de la separación de esos funcionarios están referidos a determinadas conductas comprendidas en la vida privada de las citadas personas.”

Es cierto que el presidente Bordaberry fue sin duda uno de los principales actores del golpe de Estado, de carácter claramente anticomunista, pero este tuvo lugar recién el 27 de junio de ese mismo año. En consecuencia, la destitución del embajador difícilmente puede interpretarse todavía como un intento deliberado de degradar las relaciones diplomáticas con Checoslovaquia. No se trató de un acto de anticomunismo, sino más bien de una reacción de rechazo moral que desembocó en una medida bastante drástica.

Sin embargo, la explicación “extraoficial” citada encaja perfectamente con lo que sostiene el expediente de la StB dedicado a este infortunado diplomático. Además, los informes de inteligencia de la época (es decir, de 1973 y años posteriores) procedentes de Montevideo confirman que Uruguay, frente a la crisis económica, tenía interés en mantener buenas relaciones comerciales con los países socialistas, principalmente para la exportación de lana y carne.

El chargé d’affaires en la embajada fue, después de 1973, un tal Lázaro, y desde 1976 Heber Martínez Muscio. Es decir, lo cierto es que el cargo de embajador de Uruguay en Checoslovaquia permaneció vacante hasta 1980, cuando apareció en Praga “Páter”, es decir, el embajador extraordinario y plenipotenciario Juan Alberto Buccino Clerico, también seguido por la StB (de ahí el nombre en clave “Páter” que se le asignó), pero esa ya es otra historia…

Aquí vemos además capturas de la ficha de la inteligencia uruguaya (SID), de las que se desprende únicamente que Infantozzi Soba viajó a Checoslovaquia en 1972 y que, por ese motivo, fue registrado por el servicio como una persona con algún tipo de vínculo con el mundo comunista.

Vladimír Petrilák

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