Adam, o Luis Suárez: un hombre de Otro mundo.
l caso de Luis Suárez: Periodismo y espionaje en México
El expresidente checo Miloš Zeman afirmó en una entrevista para uno de los portales de noticias más importantes de su país que «los periodistas son unas p**as vendidas», añadiendo, claro, que no se refería a todos. Esta es una opinión bastante común, por no decir generalizada. Lo curioso es que la veracidad de esta afirmación es confirmada, en cierto sentido, por la práctica de los servicios de inteligencia.
En el libro “Espías: el auge y la caída de la KGB en los Estados Unidos” (John Earl Haynes, Harvey Klehr, Aleksandr Vasiliev), en el capítulo titulado “Espías entre periodistas”, se lee:
“…los periodistas (a diferencia de los ingenieros, científicos, militares o funcionarios) rara vez tenían acceso directo a secretos técnicos o documentos clasificados, pero el oficio del espionaje no se trata solo del robo clásico de materiales. La KGB reclutaba con gusto a miembros de este gremio, en parte por sus contactos y acceso a fuentes extraoficiales e información de pasillo sobre política actual o estrategia, en parte para analizar el carácter de las personas y, finalmente, por el conocimiento que poseían pero que nunca llegaba a publicarse en sus textos. Ciertos hábitos periodísticos y el estilo de trabajo también facilitaban las tareas de espionaje”.
Entre los periodistas también encontraba informantes (y agentes) el servicio de inteligencia civil checoslovaco (StB), que trabajaba bajo las directrices soviéticas; después de todo, era la “hermana menor” de la KGB. Al utilizar la cobertura diplomática para sus oficiales en el extranjero, la StB solía reservar para ellos el puesto de agregado de prensa y medios. Dicho cargo obligaba, de forma natural, a tener contacto con los periodistas locales; por lo tanto, el diplomático no hacía nada sospechoso al reunirse con la gente de los medios.
Exactamente ese escenario —un contacto legal con un comunicador, sin necesidad de conspiraciones ni de ocultar nada— le dio a la StB la oportunidad de realizar operaciones de inteligencia efectivas en México. La colaboración con este periodista mexicano duró casi diez años.
Este caso se refiere al contacto de la residencia en México con un periodista que no era apto para ser agente —no se le podía reclutar así nada más— debido a dos razones graves de las que hablaré más adelante. A pesar de esto, ese contacto plenamente legal se convirtió en un activo operativo valioso que trajo mucho provecho a la StB.
Hablamos de Luis Suárez (1918-2003). Suárez era español y luchó activamente del lado republicano en la Guerra Civil Española. En las filas del ejército alcanzó el grado de capitán a los dieciocho años. Tras la caída del régimen apoyado por la Unión Soviética, pasó cuatro meses en un campo de refugiados en Francia junto a su esposa, y de allí emigró en 1939 a México, donde recibió asilo. En 1941 obtuvo la nacionalidad mexicana.
El historiador checo Michal Zourek, en su libro «Checoslovaquia a los ojos de los intelectuales latinoamericanos», señaló que Suárez, tras su experiencia en combate, «al igual que muchos otros representantes de la izquierda española, sentía una profunda gratitud hacia la Unión Soviética por su ayuda durante la Guerra Civil. No solo nunca le dio la espalda, sino que la apoyó incondicionalmente en su actividad».
Esa fue la trayectoria de Suárez: una carrera de periodista astuto y capaz, pero al mismo tiempo la de un típico “homo sovieticus”, un oportunista que sabía aprovechar todas las circunstancias para sus ambiciones materiales y personales. Quizás su actitud ante la vida derivaba indirectamente de su origen, según cómo se describió él mismo en una charla inédita, donde dijo tener ascendencia árabe-judía. Como menciona la versión checa de Wikipedia, los moros «se mantenían principalmente del pastoreo y el comercio, aunque muchos también se dedicaban a la piratería y al saqueo».
A esta conclusión se llega tras leer la extensa documentación que la seguridad del Estado checoslovaca (StB) acumuló sobre Luis Suárez, específicamente el Departamento I de inteligencia. Hasta donde sé, ningún historiador o investigador ha accedido a este expediente, por lo que vale la pena analizarlo. Se trata de un sub-expediente dentro del enorme archivo operativo número 11745, titulado «Base México». El material sobre Suárez, a quien se le asignó el nombre en clave «Adam», fue recopilado entre 1961 y 1970. Su expediente fue archivado formalmente en 1971, lo que no significa que no volviera a ser utilizado por la inteligencia checoslovaca en años posteriores.

Suárez, como escribe M. Zourek en el libro ya citado sobre los intelectuales latinoamericanos, visitó Europa del Este por primera vez en 1953. Sus impresiones sobre Checoslovaquia, Polonia y Rumania quedaron plasmadas en sus reportajes para la prensa mexicana y, un año después, publicó el libro Otro Mundo sobre el tema. En aquella ocasión, pasó la mayor parte del tiempo en Rumania, ya que allí se celebraba el festival mundial de la juventud. En Praga solo estuvo cuatro días, mientras iba de camino a Bucarest. Después de su estancia en Rumania, regresó a México pasando nuevamente por Checoslovaquia. Sus reportajes, recuperados por M. Zourek en su obra, siguen siendo hasta hoy un ejemplo repugnante y de manual de la propaganda comunista más insistente.
Es posible que el tono de estos reportajes haya gustado en Praga, y Suárez fue recompensado con el puesto de corresponsal permanente de la Agencia de Prensa Checoslovaca (ČTK) en México. Es difícil precisar los detalles de este nombramiento, ya que no se puede verificar desde cuándo desempeñó esa labor a la par de sus otras actividades periodísticas. Sin embargo, parece probable que se convirtiera en corresponsal de la ČTK a principios de 1961.
No hay información oficial al respecto, pero en el expediente manejado por la inteligencia checoslovaca, este asunto (su trabajo para la ČTK) jugaría un papel fundamental. Pasamos, por tanto, al contenido de estos materiales que antes (hasta 1989) eran estrictamente secretos y que hoy están a disposición de todos los investigadores.

- En abril de 1961 se llevó a cabo el primer encuentro entre un oficial de la StB, que trabajaba en México bajo cobertura diplomática, y Luis Suárez. El oficial acudió a la cita acompañado por un tal “Roman” (un nombre en clave para un agente checoslovaco que hasta ahora no ha sido identificado), quien debía presentarlo con Suárez. Este “Roman” ya le había reprochado anteriormente a Suárez que sus textos para la ČTK eran “poco políticos” (escribía de forma conservadora y centrándose más en temas culturales), mientras que el oficial de inteligencia, por su parte, insistía en que Suárez debía “reunirse con nosotros más seguido”. Tras el encuentro, el agente anotó en un informe oficial que, junto con “Roman”, habían llegado a la conclusión de que “controlarían más de cerca el trabajo de Suárez para la agencia de prensa y que, si seguía evitando el contacto, propondrían que el corresponsal fuera reemplazado”.

Una de las crónicas de Suárez para la ČTK, publicada en el periódico Rudé právo. La firma, tal como se había acordado, no lleva su nombre, sino que aparece simplemente como “Corresponsal de la ČTK”.
El siguiente contacto con este periodista, considerado «poco progresista» en sus reportes, fue organizado por la StB apenas un año después. El mismo oficial, bajo el seudónimo de “Šimovič” (Jiří Švestka) —quien un año antes había expresado su descontento con Suárez—, tuvo que «explicarle nuevamente nuestra postura sobre su relación con nosotros». Suárez era un corresponsal pagado de la ČTK. Enviaba noticias para ser publicadas en Praga vía telégrafo o correo aéreo, pero bajo la condición de que no apareciera su nombre. Ganaba entre 40 y 100 dólares mensuales por artículos que, de una u otra forma, eran aprovechados por el régimen.
Existen registros de dos notas firmadas por un «Corresponsal de la ČTK» enviadas desde México en 1962 y publicadas en el Rudé právo, el periódico más importante de la Checoslovaquia de entonces.
El siguiente encuentro con el oficial de la StB ocurrió hasta marzo de 1963. Para ese momento, Suárez ya colaboraba también con la agencia de prensa de Alemania Oriental (ADN) y con la revista italiana El Europeo. Además de su trabajo en el semanario Siempre!, simplemente buscaba ingresos extra enviando, muy probablemente, los mismos reportes a varios destinatarios distintos.
En marzo de 1963 se produjo un punto de inflexión. Hasta entonces, la relación era de supervisión formal por parte del agregado de prensa. Sin embargo, surgió una situación crítica para la inteligencia: la residencia tenía la tarea de enviar a un colaborador mexicano a Costa Rica para cubrir la cumbre de presidentes latinoamericanos con Kennedy. Intentaron con tres candidatos y todos fallaron. «Šimovič», acorralado, convenció a “Adam” (Suárez), quien aceptó y logró resolver todos los trámites del viaje en tiempo récord.
El oficial le entregó 400 dólares adicionales para gastos y le asignó tareas específicas: conseguir todos los materiales oficiales de la conferencia, recolectar información de pasillo, enfocarse en el tema cubano y describir el régimen policial durante la cumbre. La desesperación del agente por enviar a alguien que no era formalmente un «agente» se debía a que el KGB soviético había encomendado esta misión a la StB de manera urgente.
“Adam” cumplió con todas las tareas de forma ejemplar. A partir de ahí, los encuentros se intensificaron. Ya en mayo de 1963, participa en una Operación Activa (AO), es decir, desinformación de prensa dirigida por la StB. Se trató de la AO BRUTO: Luis Suárez debía difundir desinformación sobre el USIS (Servicio de Información de EE. UU.) que la StB ya había plantado antes en la revista brasileña O Semanário. Esta era una táctica común de la StB: crear cadenas de desinformación en todo el continente o el mundo donde tuvieran colaboradores disponibles.
En julio de 1963, se realizó el «traspaso» de “Adam” a un nuevo oficial operativo. Este era un momento delicado en el espionaje, pues si la relación se basaba en la amistad personal, el cambio podía romper la colaboración. Pero este no fue el caso: la relación de Suárez con el personal de la embajada era legal y fluía con naturalidad.
El nuevo oficial, “Neužil” (capitán Oldřich Novický), vio gran potencial en Suárez y anotó:
“…durante la charla quedó claro que se reunirá conmigo con gusto, igual que con el camarada Šim. Es un buen reportero, podrá ser usado para Operaciones Activas… un punto a favor es su sentido de la conspiración para ocultar nuestra relación. Él mismo pidió que no lo llame desde la embajada y que nos veamos fuera de ella. Por supuesto, apoyaré esto”.
“Neužil” notó algo más: Suárez confesó ser un “comunista secreto” y simpatizante del Partido Comunista de España. Aunque el oficial añadió que «su estilo de vida burgués y su forma de escribir contradicen esto», decidió que “Adam” era un excelente contacto de cobertura para obtener información y ejecutar «operaciones de desinformación menores».
Ahora es necesario explicar por qué “Adam” no podía ser reclutado como agente formal de la StB. Había dos obstáculos principales: el primero era que ya estaba vinculado oficialmente con la ČTK, es decir, con Checoslovaquia, lo cual iba en contra de la metodología de trabajo de la StB. El segundo obstáculo, no menos importante, era su militancia en el partido comunista, por más oculta que estuviera. Desde 1959, la StB tenía estrictamente prohibido reclutar como agentes a miembros de partidos comunistas. Aunque existían excepciones a esta regla, Luis Suárez no calificaba para ninguna.
Para ese entonces, ya era miembro de la Organización Internacional de Periodistas (considerada por los historiadores como una entidad controlada por la KGB soviética), cuya sede estaba en Praga. Aprovechando los beneficios de pertenecer a dicha organización, Suárez comenzó a viajar con frecuencia a los países del bloque soviético, con los gastos cubiertos ya sea por la organización o por los países anfitriones. De hecho, en septiembre de 1963, planeaba viajar a Praga, según informó la residencia en México.
En una reunión en octubre, “Neužil” introdujo un elemento de recompensa en su trato con “Adam” por la información proporcionada: le regaló una botella de coñac.
La central en Praga notó que el nuevo oficial se reunía con el informante muy seguido, por lo que aconsejó que el contacto se mantuviera estrictamente como algo «legal», totalmente acorde con la función oficial del oficial de la StB. Sin embargo, sugirieron que aprovechara para extraer información sobre la situación de la prensa mexicana y sus redacciones, y para que Suárez, «de manera inconsciente, diera pistas sobre otros periodistas que pudieran ser útiles para la inteligencia». Al mismo tiempo, la central informó que “Adam”, en una escala por Praga, llamó a las oficinas de la ČTK pidiendo una entrevista, pero fue ignorado, lo que al parecer lo enfureció bastante.
El capitán “Neužil” evidentemente logró establecer una relación muy estrecha con Suárez, al punto de que este le confiaba problemas personales. Por ejemplo, le contó que había perdido su empleo como guionista y dialoguista para una productora de cine, lo que lo obligaba a buscar «chambas» o trabajos temporales para «poder mantener su nivel de vida (su departamento, el auto y su casa en Cuernavaca)».

El agente checoslovaco no podía dejar pasar una oportunidad así. De inmediato, le propuso a Suárez que escribiera un informe político sobre temas que fueran «de nuestro interés», por supuesto, a cambio de dinero. Le ofreció unos honorarios similares a los que recibía de las redacciones por un artículo (aproximadamente 400 pesos). «Adam», según anotó el oficial, fingió por un momento que aquello no estaba a discusión, pero terminó diciendo que la oferta le alegraba.
Acto seguido, aprovechó la ocasión para preguntar si, al igual que en años anteriores, recibiría de la embajada la posibilidad de comprar alcohol a precio preferencial a través de la tienda diplomática para las fiestas de Navidad. Quería 10 botellas entre whisky y coñac. “Neužil” accedió con gusto y le envió el licor por un valor de 320 pesos (5 botellas de coñac y 2 de whisky; el espía menciona las marcas específicas en su informe, pero no entraremos en tanto detalle). El oficial esperaba que, si Suárez entregaba su primer reporte, este se tomara a cuenta y el periodista no tuviera que pagar nada por el alcohol.
En la reunión de enero de 1964, “Adam” rechazó tajantemente esa forma de pago y devolvió los 320 pesos del alcohol. Sin embargo, como notó el capitán de inteligencia, por otro lado aceptó 400 pesos que se le enviaron como «ayuda para su familia», bajo el argumento de que había viajado unos días a Panamá —enviado por la revista Siempre! y la StB— y durante ese tiempo no pudo trabajar para mantener su nivel de vida. Sobre la situación en Panamá, elaboró un informe especial para la StB y, además, ejecutó en la revista una nueva Operación Activa (AO), bajo el nombre en clave BRAVO.
Nuevamente se negó a recibir dinero directo por las tareas cumplidas, así que esta vez se le «pagó» en especie: el capitán de inteligencia le mandó 10 botellas de whisky.
La ejecución de Operaciones Activas (es decir, infiltrar desinformación en los textos de prensa) se convirtió, por así decirlo, en el pan de cada día del periodista mexicano. Según las notas de la StB, en marzo publicó en el diario El Día un texto sobre Panamá «inspirado» por el oficial de inteligencia, el cual formaba parte de la AO PLAMEN.
A través de los reportes de inteligencia, nos enteramos de que, para febrero de 1964, Luis Suárez ya había estado en Checoslovaquia cinco o seis veces.
En abril de ese año, Suárez y el espía planearon la AO BOSTON, que esta vez consistía en la publicación de un libro, para lo cual el periodista necesitaba más dinero: pidió unos 20,000 pesos. En esa misma oportunidad, Suárez pidió entregar una «denuncia» contra un compañero de redacción. Todo indica que, para ese entonces, ya era plenamente consciente de que no se estaba reuniendo con un simple agregado de prensa de la embajada checoslovaca.
¿De qué se trataba? Pidió que se informara a los «camaradas» de la Alemania Oriental (RDA) sobre un colega del semanario Siempre!, llamado R. Blanco Moheno, a quien calificó de derechista y reaccionario. Moheno había recibido un boleto de avión pagado por la RDA para visitarlos, pero en su lugar lo usó para un viaje privado a España. Suárez estaba muy extrañado, ya que ya les había dicho varias «lindezas» a los alemanes orientales sobre Moheno. Aquí volvemos al tema de los costosos viajes a Europa pagados por los benefactores tras la Cortina de Hierro: Suárez ya aprovechaba al máximo estas oportunidades, pero le molestaba que su colega —el derechista— hiciera lo mismo.
“Neužil”, siguiendo las reglas del oficio del espionaje, tomaba nota incluso de estos detalles que parecían insignificantes. Anotó también que, tras una larga relación, finalmente tuvo que aceptar la invitación de Suárez a su «casita». Describió esta «pequeña villa» de la siguiente manera:
“La villa es realmente bonita, está bien ubicada y su interior cuenta con un equipamiento sólido. Adam se esforzó mucho en explicarme, haciendo gran hincapié en ello, que construyó la casa a bajo costo. Dijo que hizo todo con la ayuda de amigos y parientes de la comunidad española residente aquí, quienes le entregaron materiales y equipo a precios mínimos”.
“Neužil”, con el ojo entrenado de un agente de inteligencia, evaluó que la casa no servía para ser utilizada por la StB, ya que estaba conectada con la villa vecina del cuñado de Suárez, y ambas familias compartían las propiedades en un ambiente muy cercano.
Aunque “Adam” no podía convertirse en un agente con todas las de la ley para la inteligencia checoslovaca, se inició con él el procedimiento estándar de verificación. Esta auditoría confirma que la StB lo consideraba un informante eficiente y un ejecutor de Operaciones Activas (AO), y como tal, debía ser evaluado periódicamente.
Debemos tomar en cuenta que los años 60 eran tiempos sin internet; la recopilación de información sobre una persona era una tarea tediosa y lenta, y las capacidades de entonces no son comparables con las actuales. Sobre Suárez, un tal “AMO” dio su opinión durante una estancia en Praga. Por ahora es imposible identificar de quién se trata, pero todo apunta a que era un mexicano que conocía bien a Suárez.
“AMO” se centró en las condiciones de vida del corresponsal de la ČTK (según una nota del 1 de junio de 1964): sus ingresos mensuales oscilaban entre los 15,000 y 20,000 pesos. Enumeró una serie de empleos de tiempo completo y parcial de los cuales Suárez obtenía ingresos regulares, incluyendo instituciones gubernamentales. Gracias a esto, podía permitirse un auto nuevo (un Chevrolet Chevy II), tenía participaciones en los ingresos del periódico España Popular (órgano de los comunistas españoles en México), entre otros.
“AMO” describió a Suárez como un «judío árabe» que, en su opinión, era un periodista talentoso pero sumamente voraz, que no se detenía ante nada cuando se trataba de conseguir dinero. Según el informante, Suárez adoptaba la etiqueta de «progresista» e ideológicamente cercano al Partido Comunista de España solo para ser invitado a los países del bloque socialista y a las organizaciones internacionales de periodistas.
Es digno de mención que el oficial discutió este asunto de los ingresos con Suárez, y este último, con una precisión casi farmacéutica, intentó demostrar que sus ganancias eran mucho más modestas, llegando incluso a exagerar diciendo que vivía casi en la frontera de la pobreza y la miseria.
El oficial de inteligencia comentó esta defensa de Suárez con las siguientes palabras:
“Debo admitir que Adam es excepcionalmente sensible en lo que respecta al dinero. A pesar de sus posturas progresistas, las cuales no oculta —especialmente en sus últimos textos para SIEMPRE! donde ha tenido que pronunciarse pública y claramente—, políticamente actúa con cautela y trata de encubrir su pertenencia al PCE [Partido Comunista de España], e incluso el hecho de que es corresponsal de la ČTK y de la agencia de prensa de la RDA. Con la ČTK ha tenido conflictos varias veces por el tema de la remuneración, llegando en cierto momento incluso a amenazar con romper el contacto”.
“Neužil” intentó defender a “Adam” citando el ejemplo de otro periodista mexicano que, de hecho, había convertido el apoyo de las organizaciones comunistas internacionales en su propia agencia de viajes privada; en cambio, cuando Suárez viajaba a expensas de estas organizaciones, siempre escribía algo para los periódicos.
“No quiero presentar a Adam como un verdadero guerrero comunista, de esos que conocimos en la época de la Primera República, pero estoy convencido de que internamente es comunista o, al menos, simpatiza con nuestra causa. Debido a que en los últimos años se ha aburguesado y ha desarrollado un fuerte apego al dinero, en la práctica esto lo lleva a cierta cautela y oportunismo. Su situación es complicada también por el hecho de ser español de origen y solo naturalizado en México, lo que le dificulta desenvolverse en el entorno local. Nosotros podemos alegrarnos de que no sea un comunista declarado, claro está, únicamente desde la perspectiva de nuestro trabajo aquí. De lo contrario, no podríamos utilizarlo, por ejemplo, para las AO [Operaciones Activas]”.
En este punto, debemos coincidir con el capitán de la inteligencia checoslovaca. El hecho de que en aquel tiempo Suárez ocultara sus convicciones comunistas era una circunstancia favorable para la StB, ya que eso daba mucha más credibilidad a sus textos, en los cuales difundía las mentiras redactadas por el servicio secreto.
En octubre de 1964, “Adam” estuvo nuevamente de paso por Praga; se dirigía a Moscú, según dijo, para realizar una entrevista con Nikita Khrushchev para la revista SIEMPRE!. Vale la pena mencionar que parece haber tenido olfato para los eventos históricos, pues, sin saber nada sobre las pugnas internas en la cúpula soviética, voló hacia allá justo en el momento en que Khrushchev era derrocado. No regresó a México vía Praga sino hasta diciembre de ese año. Resultó que en la Unión Soviética le habían financiado un tour por las repúblicas soviéticas e incluso estuvo en Polonia, país que le gustó mucho.
En Praga, su primer oficial operativo, “Šimovič”, estuvo a cargo de cuidarlo y no pudo evitar notar que:
“Adam volvió a mostrarse como un hombre interesado ante todo en las cuestiones materiales. Al final de su estancia con nosotros, pidió que le gestionáramos el envío de varias cámaras fotográficas. Afirmaba que dichas cámaras estaban destinadas a la Asociación de Periodistas Mexicanos, pero nos quedamos con la impresión de que no era así…”.

Desde el punto de vista de los intereses de inteligencia, es relevante otra observación del oficial:
“Su amistad hacia los alemanes, los polacos y los amigos soviéticos lo compromete a tal grado que no es posible utilizarlo para operaciones de alto riesgo. Se puede colaborar con él sobre la base de una agenda de prensa legal, exigirle noticias políticas y recompensarlo por ello. En futuros contactos, hay que tomar en cuenta que está dispuesto a redactar y publicar bajo su nombre materiales sobre terceros países en América Latina o diversos temas antiamericanos”.
Cabe notar que, durante las conversaciones posteriores a su visita a Moscú, Suárez no mencionó la entrevista con Khrushchev, lo cual resulta un tanto extraño, ya que seguramente habría presumido un logro así. Llamo la atención sobre esto porque, en numerosos textos sobre Suárez, la entrevista con Nikita Khrushchev se cita como uno de sus mayores hitos periodísticos.
En 1965, recibió un nuevo contrato con la ČTK, lo que significaba un sueldo fijo de 150 dólares. Esto lo dejó visiblemente satisfecho y le dijo a “Neužil” (en varias ocasiones) que estaba plenamente a nuestra disposición para cualquier tema.
Parece que esta actitud demuestra que Suárez ya distinguía entre lo que ocurría por la vía legal y lo que cruzaba esa línea; es decir, entendía que algunas peticiones de su amigo checo derivaban en realidad de su misión secreta: la de espionaje. Tras las últimas evaluaciones de la central, el oficial había limitado el contacto con “Adam” a asuntos oficiales, pero ahora decidió utilizarlo nuevamente para las AO (Operaciones Activas).
En diciembre de 1965, por ejemplo, discutió con él la ejecución de la AO START (relacionada con Ben Barka, político marroquí y agente de la StB). El procedimiento fue el habitual para estas operaciones de prensa: el oficial le entregó los puntos clave traducidos al español, enviados desde la central de inteligencia en Praga. Le recalcó que el objetivo era desacreditar a los estadounidenses, específicamente a la CIA y a sus aliados en Marruecos (Hassan II, el ministro del Interior marroquí y el jefe de seguridad). Suárez leyó las directrices, afirmó que el tema le gustaba y que de ahí saldrían fácilmente dos páginas de texto. En caso de que en la redacción de Siempre! le preguntaran por sus fuentes, acordaron una «leyenda»: diría que obtuvo la información de la prensa francesa (idioma que dominaba) y de periodistas progresistas que conoció en su último viaje por Europa.

El capitán de inteligencia registró que el texto fue publicado en el semanario SIEMPRE!, número 652, con fecha del 22 de diciembre.
A la StB esto solo le costó una botella de coñac y una de whisky (entregadas como regalo de Navidad).
En febrero del año siguiente, ambos discutieron otra operación activa de prensa: la AO MARCELA. Cabe aclarar que toda la documentación de la StB relativa a las operaciones activas fue destruida después de noviembre de 1989, por lo que es difícil identificarlas y describirlas con precisión; solo se pueden reconstruir a partir de menciones en otros documentos que sobrevivieron y mediante algunos indicios aislados.
En cualquier caso, en este frente de trabajo de la StB en México —la ejecución de las AO—, el servicio podía contar plenamente con Suárez. En este sentido, el capitán de inteligencia calificaba a “Adam” como un “contacto muy valioso para las AO de prensa que queremos imponer en SIEMPRE!. Hasta ahora, ha cumplido con todas las tareas de este tipo de forma segura, algo que, por ejemplo, con otro colaborador, ALONSO, no siempre se lograba”. Para ser exactos, ALONSO era José Natividad Rosales, pero de él me ocuparé en otra ocasión.
La buena relación entre Suárez y el oficial de inteligencia también dio pie a que el periodista revelara detalles sobre su vida personal. Vale la pena citar esta información, ya que arroja luz sobre la figura del reportero hispano-mexicano:
Nació en el seno de una familia pobre; su padre era zapatero. Trabajó como mensajero en el ayuntamiento de Sevilla. Solo contaba con educación primaria y tuvo que cursar la secundaria en escuelas nocturnas. Justo antes de terminar el bachillerato, estalló la Guerra Civil Española. Como estudiante, se unió a las filas de las Juventudes Socialistas y llegó a ser presidente de varias organizaciones estudiantiles. Participó en la guerra con el rango de oficial: primero como teniente y finalmente como capitán. Al parecer, mostró talento militar y llegó a ser jefe de estado mayor de una división (en el bando republicano, por supuesto). Durante la guerra, se afilió al Partido Comunista de España.
Tras emigrar a México, trabajó inicialmente como profesor en la escuela de cuadros del Partido Comunista Mexicano. En esa época comenzó a colaborar como periodista. Gracias a sus buenas conexiones personales, fue escalando posiciones en su carrera profesional hasta llegar a la cima.
En este periodo, es decir, en 1965, el contacto con Suárez se destacó por una gran cantidad de información política que “Neužil” solía recompensar con botellas de alcohol. Pero “Adam” también era utilizado para ejecutar operaciones activas de prensa; en julio se menciona la AO PADOC (publicada el 28 de julio de 1965 en SIEMPRE!), por la cual recibió 3 botellas de whisky.
Luis Suárez no habría logrado su meteórica carrera periodística sin la ayuda de «amigos», aunque a esos amigos hay que definirlos según los hechos. He aquí una breve nota informativa del oficial de la StB “Neužil”, fechada el 3 de octubre de 1966:
“Adam volará a Praga desde Zúrich el 6 de octubre a las 14:15. Llega por invitación de la ČTK, y luego seguirá hacia Berlín para un congreso de la OIP (Organización Internacional de Periodistas). Los amigos soviéticos le están gestionando un viaje a Vietnam…”.
Los costos, como vemos, eran cubiertos por la Agencia de Prensa Checoslovaca, la OIP y la Unión Soviética, y posiblemente también por la RDA. Finalmente, el viaje a Vietnam no se concretó ese año. Sin embargo, un dato curioso es que Suárez trajo de la RDA materiales que la StB de Praga también quería utilizar para una AO (LOTHAR); al respecto, se anotó que “la misma AO está siendo ejecutada por los camaradas alemanes a través de ADAM”, lo que significaría que, de alguna manera, también colaboraba (o era utilizado) por la inteligencia de Alemania Oriental (HVA, Dirección General de Reconocimiento).
Debido al interés de “Adam” en el tema de Vietnam, en 1967 se llevó a cabo otra operación activa: LOTOS. Cabe señalar que en esa época Suárez empezó a publicar también en la revista mexicana Sucesos, algo que no gustó a la Central de la StB en Praga. Según información de la StB, esa revista podría estar financiada por los cubanos y, lo que era peor, en sus páginas se atacaba al Partido Comunista de Venezuela. Por ello, la Central recordó a la residencia que ADAM no era un «contacto confidencial» (es decir, un agente), sino solo un contacto verificado para ser usado en ciertos tipos de operaciones activas. No obstante, se advirtió que dicho contacto solo debía usarse en casos donde no se publicara material sensible (como falsificaciones o información obtenida por vía puramente de agentes).
Un aspecto muy interesante de su labor informativa para la StB se revela en su viaje a Bolivia en 1967. Allí logró, supuestamente gracias a numerosas cartas de recomendación, llegar a las zonas de operaciones militares relacionadas con la guerrilla del famoso bandido Che Guevara, exministro del gobierno de la Cuba revolucionaria. “Neužil” no creyó el cuento de las cartas de recomendación y escribió a la central:
“Tengo la impresión de que todo este viaje fue organizado y pagado por los cubanos, quienes de esta forma quieren popularizar los movimientos armados en América Latina, esos mismos movimientos que ellos apoyan y crean”.
Se refería, por supuesto, a los textos que Suárez publicaba sobre su viaje a Bolivia en revistas como SIEMPRE!. “Adam” relató a su oficial operativo sus impresiones sobre Bolivia, y cabe añadir que no todo lo que le contó a la StB fue publicado en su momento.
Comencemos por algo que hoy se conoce bien, pero que entonces no estaba del todo confirmado: “Adam” afirmó que no descartaba —y que varias fuentes en Bolivia se lo habían confirmado— que la resistencia había sido preparada por el Che Guevara. Al mismo tiempo, destacó la gran influencia de los cubanos. En su opinión, el movimiento guerrillero contaba con fondos financieros increíblemente altos. La dirección de la guerrilla había comprado un rancho por 30 millones de pesos, y con las ganancias de dicha propiedad se financiaba el suministro de comida para los combatientes.
Sobre el comandante Peredo (comisario político en el destacamento del Che Guevara), Suárez tenía información de que había estudiado en la escuela de cuadros en la URSS, estuvo un tiempo en Cuba y también pasó seis meses en entrenamiento práctico en Vietnam. Estos detalles, según relató Suárez, el movimiento guerrillero intentaba ocultarlos para evitar acusaciones contra el gobierno soviético por su apoyo a la insurgencia. Suárez confirmó además que los guerrilleros tenían en su arsenal armamento checoslovaco (lo que ratificaba la participación de los cubanos). Mientras que Suárez describió la moral del ejército gubernamental que combatía a la guerrilla como mala, afirmó que los guerrilleros respetaban a la población local.
La conclusión de Suárez respecto a las posibilidades de éxito de este grupo fue más bien optimista: le dijo al capitán de inteligencia que, aunque por el momento eran pocos (máximo unos 30), estaban muy bien organizados y contaban con la simpatía del campesinado. Debido a que, desde el punto de vista militar, estaban muy bien posicionados en la selva densa, consideraba que existían perspectivas reales de mantener la rebelión y expandirla.
Lo curioso es que, en esta conversación, no mencionó haber tenido un encuentro personal con el Che Guevara. Nuevamente, como sucedió con el caso de Khrushchev, este punto es relevante porque, según numerosos estudios y biografías sobre Suárez, se afirma que realizó una entrevista al Che Guevara en plena selva boliviana.
Sin duda, fue un viaje que requirió de gran valentía por parte del periodista. No obstante, su análisis sobre las probabilidades de triunfo de esa insurgencia resultó ser absolutamente erróneo. Al pie de esta nota de inteligencia aparece una anotación manuscrita: «entregar a los amigos». Esto significaba que la información fue compartida de inmediato con la KGB y con la inteligencia cubana.

En octubre de 1967, Suárez fue «traspasado» al siguiente oficial de la StB, quien llegó a la residencia para relevar a su predecesor. Una vez más, el cambio se realizó sin complicaciones; “Adam” dio por sentado que recibiría de “Rogl” (Bedřich Kubeš) materiales interesantes para ejecutar nuevas AO (Operaciones Activas). Durante la charla, el oficial se alegró al ver que el propio Suárez insistía en que los materiales debían ser tales que no hubiera ni rastro de que su publicación tuviera algo que ver con Checoslovaquia.
“Adam” propuso que sus contactos fueran aún más discretos; pidió explícitamente que el diplomático checoslovaco no lo llamara a su oficina y que nunca, bajo ninguna circunstancia, vinculara por teléfono su nombre con el de Juan Rejano (miembro del politburó del Partido Comunista de España). Suárez advirtió que lo pedía porque sospechaba que los teléfonos podían estar intervenidos.
No vale la pena detallar cada nueva verificación, pero la StB obtuvo de otro de sus agentes en México (el agente BOGAN, también del gremio periodístico) la confirmación de que “Adam” era un hombre sediento de dinero y beneficios. Esto solo demuestra que la StB mantenía una vigilancia continua sobre este contacto, lo que significa que lo consideraban una fuente humana de suma importancia.
Suárez no tuvo reparos ante su nuevo oficial operativo y reclamó la posibilidad de comprar alcohol barato, explicándolo así: «Tu predecesor me enviaba cada dos o tres meses una caja de alcohol, la cual necesito para mis propios contactos». Ante esto, “Rogl” consultó de inmediato a la central de inteligencia si realmente debía suministrarle una caja entera.
Hay que admitir que “Adam” se esforzaba por ganarse ese alcohol. A finales de 1967, ejecutó otra operación activa en la revista SIEMPRE! (la AO VERY MACHOS).
Como regalo de Navidad, Suárez recibió de la embajada 12 botellas de coñac, 12 botellas de cerveza y 3 botellas de whisky (con un costo de 700 pesos); este fue el pago por la ejecución de la AO. “Rogl” anotó con bastante cinismo para la central:
“Considerando que ADAM nunca aceptará dinero en efectivo, creo que, desde un punto de vista puramente económico, esta AO no resultó demasiado cara”.
¡Exacto! —seguramente pensaron los camaradas espías en Praga.
Suárez también mostró un peculiar sentido del humor cuando, en su primera reunión con el oficial de la StB en enero de 1968, al referirse al regalo navideño de alcohol, afirmó que ahora sí se sentía «totalmente corrompido». “Rogl”, siguiendo el tono de la broma, respondió que entre camaradas que aman la misma causa, la corrupción no es necesaria.
En febrero de 1968, se concretó el viaje de “Adam” a Vietnam. Aprovechó su escala en Praga para criticar y socavar la posición de Jaromír Švamberk. Para entender el contexto: la ČTK, probablemente debido a la cercanía de los Juegos Olímpicos de Verano en México, había establecido una oficina permanente en la capital mexicana. Suárez gestionó los locales para la agencia y, una vez listos, Praga envió a dos empleados checoslovacos para operar la oficina.
Lo más probable es que Suárez temiera que, una vez instalados estos hombres, la agencia prescindiera de sus servicios. Por ello, ya desde México, empezó a criticar a uno de los empleados checos en casi cada reunión con su oficial de la StB. Cabe añadir que J. Švamberk había trabajado entre 1959 y 1963 en el Departamento I del Ministerio del Interior; es decir, era un exoficial de inteligencia. A pesar de esto, la StB se puso del lado del mexicano en contra de su antiguo colega, especialmente porque, a diferencia de Suárez, Švamberk criticó abiertamente la intervención soviética tras agosto del 68. Pero esa es una historia un poco posterior.
En Praga, Suárez también se ocupó de sus propios negocios; mostró, por ejemplo, su libro «El viejo México», publicado el año anterior en la RDA, y preguntó sobre la posibilidad de editarlo en Checoslovaquia.
Su viaje a Vietnam fue por invitación de los camaradas vietnamitas, así que no tuvo que preocuparse por los gastos, aunque planeaba enviar reportajes de su travesía a las revistas Siempre! y El Heraldo. Para su encuentro con Ho Chi Minh, llevaba consigo un mensaje personal de Lázaro Cárdenas, el expresidente de México.
Hay que precisar que Suárez estuvo en Praga después del famoso Pleno de Enero del Partido Comunista Checoslovaco; es decir, la llamada Primavera de Praga estaba comenzando. Por ello, Suárez exigía explicaciones sobre las reformas propuestas al sistema comunista para poder entender qué estaba ocurriendo en Checoslovaquia.
A su regreso, se detuvo nuevamente en Praga, por lo que la StB se aseguró de ofrecerle un programa atractivo para obtener de él información más detallada. Salió a la luz que no se había reunido con Ho Chi Minh, pero sí fue recibido por el primer ministro y el ministro de Relaciones Exteriores de Vietnam del Norte. En general, quedó maravillado con el Vietnam comunista y escribió numerosos reportajes desde allá. También se le permitió visitar la República Popular China por unos días. China lo horrorizó: habló de un fanatismo acrítico, de la adoración a Mao y de que la situación económica era prácticamente catastrófica.
También visitó Moscú, donde estuvo en contacto con representantes de la OIP (Organización Internacional de Periodistas) quienes —y aquí tenemos información más precisa— organizaron y financiaron su viaje a la República Democrática de Vietnam.
En general, el oficial que acompañó a “Adam” en Praga (su viejo conocido “Neužil”) se llevó la mejor de las impresiones de este encuentro. En una extensa nota describiendo las reuniones, afirmó:
“El contacto mantenido con ADAM ha contribuido a profundizar los lazos amistosos; he confirmado su disposición a seguir colaborando con nosotros en la línea de las operaciones activas de prensa, logrando interesarlo en la ejecución de la AO LOTOS 6”.
Dentro de los costos de atención de estas reuniones, el oficial enumeró no solo una excursión al impresionante castillo gótico de Karlštejn (comida, refrigerios, entradas y estacionamiento), sino también un regalo para la esposa de Suárez —una botella de cerámica con slivovitz (licor de ciruela)— y rollos de película para la cámara de “Adam”, los cuales el insaciable periodista no dudó en pedir. Por supuesto, Suárez no dejó pasar la oportunidad de solicitar que la StB le gestionara, como ya habían hecho antes, el transporte de su exceso de equipaje (regalos de Vietnam y otros lugares) hasta México. La StB se encargó de que estas pertenencias fueran entregadas directamente en la puerta de su casa en México.
Cuando Suárez regresó a México (junio de 1968), se reunió con su oficial operativo para discutir los últimos detalles de la AO LOTOS 6 (relacionada con la Guerra de Vietnam). El oficial anotó:
“Al hablar del tema, noté nuevamente que ADAM adopta la postura de que él publicará el material por nosotros, pero hace parecer que, en realidad, no sabe quién está detrás de esto: la inteligencia. Sin embargo, estoy convencido de que conoce perfectamente la esencia del asunto, pero actúa como si no conociera el trasfondo real”.
Estas son las observaciones personales y subjetivas de “Rogl”, quien en julio de ese mismo año, al escribir una breve evaluación de “Adam”, resumió su caso de la siguiente manera:
“ADAM – periodista, entre otros corresponsal de la ČTK, contacto utilizado principalmente para la ejecución de AO de prensa. El camarada Rogl lo recibió del camarada Neužil, reforzando y desarrollando la relación en el mismo espíritu anterior. A pesar de que al inicio del último periodo operativo se determinó que se debía limitar el uso de ADAM para las AO (como consecuencia de su relación con la ČTK), dicha intención no se llevó a cabo. La residencia en México sufre de una falta total de agentes y contactos para ejecutar Operaciones Activas, razón por la cual se sigue utilizando con éxito… Estoy convencido de que ADAM sabe bien que, durante la ejecución de las AO, está en contacto con trabajadores de la inteligencia… [el resto es poco legible]”.
Los eventos de agosto de 1968 (la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia y el aplastamiento de la Primavera de Praga) no afectaron fundamentalmente la actitud de Luis Suárez hacia su colaboración con la inteligencia de la StB. Incluso en 1969, “Adam” siguió siendo una buena fuente de información; informaba, por ejemplo, sobre Perú y entabló una buena relación con su nuevo oficial operativo. Simplemente, todo siguió como antes. ¡Incluso se disculpó porque, a pesar de su buena posición en el semanario SIEMPRE!, no fue capaz de impedir la publicación de un texto del redactor Antonio Rodríguez que condenaba la invasión soviética! Simplemente se adaptó al nuevo curso político de sus amos en Praga. También su nuevo oficial (pseudónimo “Juřík”) lo recompensaba con regalos: coñac francés y copas de porcelana de Praga.
En este periodo (1969-1970) no se registró ninguna AO ejecutada por “Adam”; quedó relegado al puesto de informador. La falta de operaciones activas en este tramo se debió a que uno de los desertores de la StB fue Ladislav Bittman (quien huyó en septiembre del 68 a Austria y luego a EE. UU.), quien trabajaba precisamente en el Departamento 8, encargado de planificar las operaciones de desinformación. Era casi seguro que Bittman conocía la identidad de “Adam”, por lo que la prudencia dictaba frenar ese tipo de actividades.
Cuando Luis Suárez visitó Praga nuevamente en marzo de 1970, se reunió con “Neužil”. Esta vez venía de la RDA y estaba encantado; le fascinó cómo lo habían tratado los camaradas alemanes. Lo que más le impresionó fue que le permitieron un encuentro personal con el famoso autor de publicaciones sobre espionaje, Julius Mader. Hoy sabemos que Mader era un escritor y «experto» totalmente al servicio de la STASI de Alemania Oriental. Suárez supuestamente recibió de Mader un material muy interesante del que no quiso dar detalles, pero aseguró que lo utilizaría en su labor periodística. “Neužil” comentó con mucha perspicacia:
“Me da la impresión de que los camaradas de la RDA están intentando influir en ADAM para ejecutar a través de él alguna operación activa de prensa”.
Al final de la nota del oficial, aparece un breve fragmento sobre Suárez como persona, que aclara quién era realmente:
“A pesar de que ADAM se asimiló mucho en México, sigue considerando que su patria es España. Siempre que está en Europa, intenta ir allá. Proviene de un pequeño pueblo cerca de Sevilla (Andalucía). Admitió abiertamente que gran parte de su origen es árabe (moro) y que entre sus antepasados también hubo judíos (sefardíes). Su esposa (Pepita) es de origen judío”.
La historia suele jugar con ironía: la estancia de Suárez en Praga en la primavera de 1970 trae un último y sorprendente descubrimiento. ¡Este comunista de larga data se quejó ante los comunistas de Praga de que tenía problemas con la dirigencia del Partido Comunista de España en México! Se encontraba en minoría debido a su postura sobre la intervención soviética de 1968. A diferencia de la mayoría de los comunistas del mundo, Suárez no condenó a la URSS. ¡Le preocupaba que, por esa misma razón, también lo criticaran los camaradas de la dirección del PCE en el exilio en París!
Es verdaderamente el colmo de la ironía: un hombre que arriesgó su reputación firmando propaganda para tres servicios de inteligencia diferentes, terminó siendo rechazado por sus propios camaradas del partido por ser «demasiado fiel» a la línea dura de Moscú. Es el retrato perfecto del oportunismo ideológico.
No sabemos si fue por esa razón que se distanció de los comunistas; de ser así, sería un motivo sumamente peculiar e irónico. Un hombre que sirvió al menos a tres regímenes comunistas (a los soviéticos, pues la KGB controlaba la OIP; a los checoslovacos y a la RDA) y que, arriesgándose, firmó con su propio nombre textos que tenían más que ver con la propaganda y la desinformación que con el periodismo honesto, terminó sin encontrar comprensión entre los camaradas más cercanos a su corazón.
Al final del expediente, encontramos una última caracterización de “Adam” obtenida por la StB, en la cual un tal Varela se expresa de manera bastante desfavorable sobre Suárez. Lanza acusaciones del tipo: Suárez es capaz de hacer literalmente cualquier cosa para obtener un beneficio personal y que él y su esposa —una acusación que ya conocemos— «se han aburguesado».
El último encuentro registrado con un oficial de la residencia tuvo lugar el 11 de junio de 1970 en el restaurante Sanborns de la Reforma. El objetivo era obtener información sobre “ERB”. Se trataba de Germán Guzmán Campos, un sacerdote católico colombiano investigado por la StB que había desaparecido de su país; la inteligencia checa le había perdido el rastro hasta que reapareció en México. Gracias a “Adam”, el servicio secreto pudo restablecer el contacto con el ahora exsacerdote.
No hay más registros en el expediente, salvo la decisión formal de febrero de 1971 de archivar el caso. Esto se debió a que la StB dio por concluidas sus actividades operativas en México en ese momento.
Sin embargo, las investigaciones indican que la StB reanudó sus operaciones en México en 1975. Luis Suárez reaparece en la documentación de la inteligencia checoslovaca a mediados de los años 80. En 1983, un oficial de la residencia informa que Luis Suárez, ya como vicepresidente de la OIP, ejecutó para la StB una operación activa (en televisión) y que fue utilizado parcialmente para identificar personas adecuadas para el reclutamiento en el entorno periodístico. El oficial señala también que su manejo operativo resultaba «muy complicado». Entre 1984 y 1985, Suárez habría realizado otra operación activa (MEVI), y en 1987 participó en las AO denominadas BOTTO y LIBA. Los detalles específicos de estas operaciones siguen siendo desconocidos.
Entre 1976 y 1990, Luis Suárez fungió como vicepresidente de la Organización Internacional de Periodistas (OIP), lo que sin duda aumentó su prestigio en los círculos de izquierda, pero, por otro lado, lo vinculó definitivamente a una estructura controlada por la KGB.
Este cierre es la pieza que faltaba para completar el rompecabezas. La conexión con Ryszard Kapuściński no es solo una anécdota literaria; es la validación de cómo operaba este ecosistema de influencias y espionaje bajo el disfraz del «corresponsal extranjero» en América Latina.
No se puede pasar por alto el vínculo polaco: Ryszard Kapuściński, el célebre reportero (quien, por cierto, también tenía experiencia colaborando con la inteligencia comunista: el Departamento I del Ministerio del Interior de la República Popular de Polonia le asignó los nombres en clave «Poeta» y «Vera Cruz»). Kapuściński elogió a Suárez en su libro La guerra del fútbol:
“Luis Suárez dijo que habría guerra, y yo creía en todo lo que Luis decía. Vivíamos juntos en México; Luis me daba lecciones sobre América Latina. Qué es y cómo entenderla. Sabía predecir muchos acontecimientos. En su momento predijo la caída de Goulart en Brasil, la de Bosch en la Dominicana y la de Jiménez en Venezuela. Mucho antes del regreso de Perón, creía que el viejo caudillo volvería a ser presidente de Argentina; también anunció la pronta muerte del dictador de Haití, François Duvalier, a quien todos daban muchos años de vida. Luis sabía moverse por las arenas movedizas de la política local, en las que aficionados como yo se hundían irremediablemente, cometiendo errores a cada paso”.
La llamada «Guerra del Fútbol» ocurrió en 1969, lo que significa que Kapuściński se reunía con Suárez en la Ciudad de México precisamente en la época en que ambos mantenían contactos estrechos con los servicios de seguridad «hermanos»: Kapuściński con la SB polaca y Suárez con la StB checoslovaca.
Luis Suárez, icono del periodismo latinoamericano de izquierda, fue sin duda un instrumento a disposición de los servicios de seguridad comunistas; un «lacayo» que no respetaba los principios del periodismo objetivo, sino que se preocupaba principalmente por su interés personal. En eso fue muy eficaz y constante. Sobre esto no cabe ninguna duda. Quizás alguien descubra algún día los materiales que la inteligencia de Alemania Oriental acumuló sobre él. Es de suponer que también habrá algo oculto en los archivos de Moscú… y La Habana seguramente tendría mucho que decir también.
En cuanto al número de encuentros de Luis Suárez con los oficiales de la StB en México y Praga, hubo aproximadamente sesenta entre 1961 y 1970. Esta es una cifra estimada, ya que es difícil evaluar cuántas reuniones ocurrieron en los años ochenta y si todos los encuentros anteriores fueron registrados correctamente o contabilizados con exactitud por mi parte. En su expediente no se totalizaron todos los gastos relacionados con el manejo de este informante, como solía hacerse en los expedientes de agentes formales, pero a lo largo del texto he intentado enumerar al menos algunos de los regalos de alcohol y otros obsequios para Suárez. No fueron pocos.
Para terminar, realicé un experimento. Le pedí a Chat GPT que, tras una investigación profunda, respondiera a la pregunta: ¿Se conocen vínculos del periodista mexicano-español Luis Suárez con la inteligencia de Alemania Oriental? El chat afirmó que no existen pruebas de tales conexiones.
También pregunté a la IA sobre las famosas entrevistas que Suárez supuestamente realizó a las grandes personalidades de la Guerra Fría (Jrushchov, Ho Chi Minh, Che Guevara, Allende). La inteligencia artificial sostiene que dichas entrevistas no existen, pero aquí hay que considerar que la IA no tiene acceso a los archivos físicos reales; no todo ha sido digitalizado, por lo que en este punto la IA podría estar equivocada.
Lo que yo he podido constatar es que el propio Suárez, en sus conversaciones con los oficiales de la StB, nunca presumió de haber conocido al Che Guevara, a Jrushchov o a Ho Chi Minh. Sobre Allende no puedo afirmar nada, ya que en la época en que supuestamente se reunió con él, la StB ya no mantenía contacto con Suárez.

El caso de Luis Suárez demuestra la veracidad de la afirmación de que el comunismo es capaz de sacar lo peor de las personas…
Vladimír Petrilák
Condolencias de Castro por la muerte de Luis Suárez

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